¿Realmente fue tan malo?

Todos los años, durante diciembre, nuestros correos y redes sociales se llenan de mensajes de buenos deseos y esperanza para el siguiente año, sin embargo, este 2020 todo lo que circula en los diferentes medios es el deseo de que el año termine rápido y podamos olvidar lo malo que fue el 2020.

Reflexionando sobre el año que termina, no podemos decir que fue el año que esperábamos, fue un año diferente, con una emergencia sanitaria que detuvo al mundo entero sin advertencia, derrumbó economías, erradicó vidas, empleos y nos forzó a una “nueva normalidad”. Sin embargo, no dejo de pensar: ¿realmente fue tan malo?

Aprendimos el valor de vivir con menos y dar más. La importancia de la higiene personal y de llevar estilos de vida más saludables. Lo lindo que es sentarse a la mesa con toda la familia y compartir el pan, principalmente con los mayores. Lo mucho que nos falta el contacto físico con otros, las conversaciones con los amigos y compartir una copa de vino o una cerveza (en persona) de vez en cuando. La buena comida en un restaurante y el sonido de los niños jugando en la calle. El importante trabajo que hacen las maestras todos los días, y lo mucho que extrañamos el olor a café por las mañanas al llegar a la oficina. Descubrimos mejores formas de trabajar y nacieron millones de emprendimientos alrededor del mundo.

Pueden haber malas cosechas, malas decisiones, malos negocios, pero no malos años*, solo años diferentes, que vienen con retos más grandes que otros, pero también con buenos momentos y lecciones aprendidas.

Aprendamos de este 2020 que pasa, no como un año “malo” sino como un año de mucho aprendizaje y preparémonos para recibir el 2021 con más apertura, más humildad y menos expectativas.

*Podríamos hacer una excepción con el año 536, catalogado como el peor año para estar vivo.